La persona
con bulimia se caracteriza por tener episodios recurrentes en los que
consume de forma rápida gran cantidad de alimento en un período discreto
de tiempo, siente que no tiene control sobre su conducta alimentaria
durante sus episodios de voracidad, se empeña regularmente en provocarse
el vómito y utiliza todo tipo de diuréticos y laxantes, practica dietas
estrictas y ayunos o hace mucho ejercicio, y tiene una preocupación
persistente por la silueta y el peso.
El trastorno
se suele iniciar de los dieciocho (18) años en adelante, con episodios
bulímicos enmarcados por el miedo irracional a la gordura, enorme sensibilidad
frente a las variaciones de peso y sobrevaloración de la imagen corporal.
Las alteraciones
específicas que acompañan a los síntomas citados anteriormente son:
descontrol impulsivo, desarrollo de conductas adictivas y la aparición
de síntomas depresivos y ansiosos.
Además de
que el malestar psíquico es considerable, el tema se complica por las
lesiones físicas producidas por la ingesta desmedida, la utilización
repetida del vómito, los diuréticos y los laxantes. La piel de la
mano se engrosa, el esófago se inflama hasta el punto de que puede
haber perforación, hay dilatación aguda del estómago, inflamación
del páncreas, estreñimiento atroz, bajada de la tensión arterial,
irregularidades en la regla, deshidratación, neumonía y erosión del
esmalte dental.
Es pues éste
un trastorno de difícil definición puesto que el comportamiento bulímico
está presente tanto en personas con problemas de obesidad, como con
anorexia. Lo que es cierto es que como enfermedad es dura y compleja,
entremezcla problemas psíquicos que son el origen del trastorno, con
complicaciones físicas secundarias que a su vez hacen que los problemas
psíquicos empeoren y la paciente bulímica se crea un círculo del
que es difícil salir.

